VISIÓN, MISIÓN, VALORES

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VISIÓN

Deseamos ser una Comunidad Educativa “Adoratriz”, de encuentro y excelencia, innovadora y comprometida.

MISIÓN

Brindar una educación integral, personalizada y abierta a la trascendencia, fundada en valores y actitudes cristianas bajo el Paradigma Pedagógico Ignaciano, como síntesis entre Fe y Vida a la luz de Jesús Eucaristía.

VALORES

Caridad

Esta virtud teologal, junto con la Fe y la Esperanza, es la aspiración más profunda que Dios ha puesto en el corazón de los hombres, ya que el mismo Dios es Amor, y sólo en Él pueden desarrollarse las perfecciones humanas. Es condición esencial del amor cristiano la apertura y atención al otro cuya realidad distinta nos enriquece en el intercambio generoso y servicial que tiene como modelo a Cristo.

Ofrecer y recibir oportunidades de perfeccionamiento implica una apertura solidaria cuya sinceridad en el deseo de compartir y lograr con sencillez y confianza algo en común.

Esta actitud hace posible la realidad del amor generando vitalidad, optimismo y entusiasmo para aceptar nuevos desafíos.

Prudencia

La prudencia, virtud que nos conduce a la recta razón en el obrar,  se manifiesta en el valor de la tolerancia, entendida como la actitud de consideración hacia los demás que nos mueve a comprender su modo de pensar, sentir y actuar.  Es una ocasión para el propio enriquecimiento, ya que nos impulsa a fundamentar nuestras propias actitudes, facilita la autocrítica y nos abre al diálogo beneficioso que permite advertir errores propios y ajenos, afirmando o modificando nuestras convicciones.

Justicia

Virtud que nos enseña a dar a cada uno lo que le corresponde, tiene como fruto esencial el valor de la paz. Ella es el camino que debemos recorrer en el proceso dinámico y permanente que siempre demanda asumir compromisos verdaderos.

Una comprensión positiva de la paz no equivale a la eliminación de los conflictos. Los acepta como un fenómeno propio de la naturaleza e interacción humana los que se deben resolver pacíficamente intentando la alternativa del diálogo permanente, evitando cualquier violencia, como lo pide el Magisterio de la Iglesia.

El conflicto es propio de los procesos de crecimiento, un proceso de  cambio que todos pueden abordar creativamente para el desarrollo de las relaciones sociales armoniosas basadas en la comprensión  y la justicia. La percepción de un conflicto no será negativa si aprendemos a considerarlo como una señal de que algo sucede y debemos abordarlo,  porque las acciones que brotan de un conflicto no resuelto pueden originar consecuencias no deseadas.

 

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Fortaleza

Virtud que nos permite perseverar en la obtención de bienes difíciles, nos introduce en el valor del esfuerzo, que requiere un profundo dominio de la voluntad. Es un impulso vigoroso que hace posible al hombre convertir en realidad sus proyectos, es la acción que nos sostiene en la tarea de conseguir los bienes que se nos presentan como arduos.

Transformado en acción, nos ayuda a triunfar y ser dueños de nosotros mismos.

El esfuerzo sostenido y alentado por la esperanza nos hace perseverar para lograr nuestros objetivos a través de actitudes interiores que reconozcan la realidad de nuestras potencialidades. Nos conduce a materializar lo mejor que cada uno puede ser, en función de los talentos que Dios nos ha regalado.

Templanza

Virtud que engendra el valor del respeto en su aspecto social, nos conduce a vivir y desarrollarnos en una comunidad armoniosa que nos facilite el logro del bien común tratándonos como desearíamos ser tratados, con cordialidad y calidez humana.

Esto nos lleva al cuidado de las cosas que están  al servicio de la comunidad y a la valoración y aceptación de las normas que  regulan la acción humana en lo personal y social.

Libertad

La Libertad, que nace de la condición de hijos de Dios, se pone en acción cuando cada uno tiene en cuenta sus posibilidades, las asume activamente y las orienta hacia el logro de un auténtico ideal que tiene a Dios como fin último del hombre.

La libertad impone en simultáneo el ejercicio de la responsabilidad que no es un límite sino una conquista personal que supone asumir las consecuencias y compromisos que generan nuestros actos. Ello implica tanto una reflexión previa a la acción como el discernimiento de nuestra respuesta ya que de todo acto deberemos dar cuenta a Dios, a nosotros mismos y a los demás.

Buscamos el ejercicio de una libertad responsable ya que cuando vinculamos las decisiones propias con las consecuencias que de ella emanan alcanzamos las condiciones para convivir.