INSTITUTO STELLA MARIS ADORATRICES

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UNA MISIÓN CON MÁS DE 100 AÑOS DE VIDA

En febrero de 1908 un grupo de vecinos reunidos en un salón del histórico Hotel Bristol, todos residentes de la “loma del infierno” como se conocía en aquella época a la loma de Stella Maris, ven la necesidad de fundar una escuela y una Iglesia para los niños que habitan ese ventoso paraje de las afueras del pueblo de Mar del Plata.

Esa necesidad surgía de la distancia al centro y de la dificultad para superarla, en esa reunión la presidenta de la comisión de benefactores Ana Elia de Ortiz Basualdo propone llamar a la capilla Ave Maris Stella advocación de la Virgen María como estrella de mar.

Un mes después, el 20 de marzo se coloca la piedra fundamental de la Capilla, en esa ceremonia el Dr. José Luis Cantillo, quien años después se desempeñara como interventor y gobernador de la provincia de Buenos Aires, nos muestra en el texto de su discurso, la fe y la generosidad que dominaba a aquel grupo de hombres y mujeres. A comienzos de 1912 finalizando las obras de construcción de la Capilla y el colegio se plantea la necesidad de confiar la dirección y el mantenimiento del proyecto a una Congregación Religiosa que tuviera entre sus fines enseñanza y al mismo tiempo pudiera hacerse cargo del culto religioso en la capilla. Otro integrante de la comisión, monseñor de Andrea propone una congregación de fundación argentina. Así es elegida por unanimidad la de las Hermanas Adoratrices. Luego la decisión fue aprobada por el obispo diocesano monseñor Juan N. Terreno. Las primeras Hermanas Adoratrices llegaron a nuestra ciudad en febrero de 1912 y desde aquel día se hicieron cargo de esta obra con la alegría y el entusiasmo de los emprendedores que gozan de la protección de nuestro Padre del Cielo. La inauguración oficial fue el 7 de marzo de 1912, la comisión benefactora continuó su apoyo al proyecto y ese mismo año comenzaron obras de ampliación que culminaron en 1923.

En las actas realizadas por las religiosas adoratrices se puede constatar la generosidad con que este grupo de hombres y mujeres continuó la obra, tanto en términos materiales como espirituales. La señora Ana Elia de Ortiz Basualdo continuó hasta el fin de sus días como presidenta enviando periódicamente encomiendas con uniformes, vestidos de comunión, útiles escolares y todo lo que fuese necesario para un alumnado que provenía de familias muy carenciadas.

 

 

El resto de los integrantes de la comisión actuaba de igual manera y así sostuvieron durante muchos años tanto la escuela como la iglesia. Niñas y jóvenes aprendieron en primer lugar el amor a Jesús Eucaristía y también habilidades básicas y oficios para poder llevar adelante sus hogares. En sus talleres podían aprender labores, corte y confección.

Las ex alumnas rápidamente vuelven al colegio, algunas a traer a sus hijos y todas a expresar su agradecimiento hacia la formación recibida.

Hasta aquí hemos visto los orígenes que son solo una parte del largo camino que llega a este siglo de vida. Este camino ha sido guiado por el Espíritu Santo que acompañó a las Hermanas Adoratrices desde aquel febrero de 1912 en la conducción de la obra. No siempre fue fácil, ni en los orígenes ni en la actualidad, pero a través de la enseñanza, las adoraciones, los ejercicios espirituales, las celebraciones eucarísticas, los retiros, las convivencias, y la celebración de los sacramentos se ha logrado que miles de niños y jóvenes, desplieguen sus potencialidades y descubran en Jesús el amigo incondicional que los acompañará siempre.

Al hablar de este primer siglo de vida es necesario también recordar a aquellos hombres que entregaron su vida a Dios y durante sus años como capellanes acompañaron la celebración del culto y la guía espiritual de esta casa.

En un principio las oyentes eran las Hermanas, pero con los años muchos hombres y mujeres enseñaron con gran cariño dentro de esta institución, transmitiendo el carisma Adoratriz y el testimonio de sus vidas. Algunas de ellas son ex alumnas que recibieron su formación en esta casa y regresaron luego para retribuir aquello que habían recibido. No solo docentes forman parte de esta historia hay otras personas que han contribuido con su trabajo desempeñando otras tareas, ellos son y serán siempre parte de esta comunidad Adoratriz.

Por último, la historia de esta casa ha sido posible por los alumnos que le han dado sentido a esta actividad, a cada palabra que se dice a cada oración que se eleva. El objetivo es formar individuos felices que sepan que tienen un padre en el cielo que los ama y que envió a su hijo para que este siempre con nosotros.